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Patrimonio
EL ESCULTOR
Valentín García Quinto nace en Albatera. El primer taller lo monta en casa de sus padres en la calle San José de la localidad Alicantina de Albatera, recibiendo de su madre la ayuda principal para que fuera escultor. Pronto se traslada a Barcelona a trabajar y empieza a crear arte en la Casa Reixach y Cía. de 1942 a 1946. De 1948 a 1951 hace el servicio militar en Palma de Mallorca y posteriormente se traslada hasta 1953 a Madrid, para trabajar en el taller de José Vicent. Estando en Madrid le llegó su oportunidad al comentar a su peluquero que cuando llegara el Padre Mojica le enseñara un busto de San Pascual Bailón. Éste quedó impresionado y se interesó por con gran entusiasmo por el escultor. Desde ese momento una gran amistad surge entre el Padre Mojica y Valentín, que ha estado presente a lo largo de los años.
El Padre franciscano le propone viajar a Perú para trabajar como escultor. Allí crea infinidad de obras, cosa que le engrandece, pues sus tallas siempre tienen un sello de maestría, son totalmente expresivas y bien estudiadas. Hasta allí se desplazó también su hermano Domingo para ayudarle en su labor. En Perú estuvo 16 años hasta 1969 y firmó sus obras, por consejo del Padre Mojica, con el segundo apellido de su padre "de Real". En 1969, a su regreso a España, se instala definitivamente en Albatera, su ciudad natal, donde sigue trabajando.
Nuestro Padre Jesús del Ecce Homo
La imagen de Nuestro Padre Jesús del Ecce Homo fue realizada en el año 1995 por el imaginero Valentín García Quinto en 1995 en Albatera (Alicante). Tallada de cuerpo entero sobre madera de pino y de cedro, la imagen, que mide 1,75 m muestra una expresión dulce y serena, con la cabeza ligeramente inclinada al lado izquierdo, al tiempo que la mirada y la forma del arco de las cejas delatan con una cuidada delicadeza, la tristeza y el sufrimiento de Jesús tras la flagelación. Se trata de una expresividad característica de la obra de Valentín de Albatera que resalta la belleza y la dulzura como rasgos de divinidad y se aleja de la fuerza y dramatismo del barroco.
El Señor aparece maniatado por delante, sujetando una caña a modo de cetro, coronado de espinas y con un manto o túnica de color granate. Luce una potencias de plata sobredorada realizadas por el orfebre José David de Valencia.
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